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Ansiedad y ataques de pánico en Cartagena
Notas algo en el cuerpo y, en cuestión de segundos, tu cabeza se va a lo peor.
Lo que se siente, dicho por su nombre
Quien ha tenido una crisis de pánico no necesita que se la describan. Aun así conviene ponerlo por escrito, porque una de las cosas que más alivia al principio es descubrir que esto tiene forma conocida y no es un caso raro:
Llega de golpe, sube muy rápido y en unos minutos empieza a bajar, aunque mientras dura no lo parezca. Y después queda lo peor: el miedo a que vuelva.
No te lo estás inventando y no es debilidad. Las sensaciones son reales: lo que falla no es tu cuerpo, es la lectura que se está haciendo de él.
El círculo que lo mantiene
Por qué se sostiene solo, sin que nadie lo alimente desde fuera
Ese bucle se cierra sobre sí mismo. No hace falta que ocurra nada fuera: la propia respuesta al miedo produce exactamente las sensaciones que confirman el miedo. Por eso una crisis puede aparecer en el sofá, viendo la televisión, sin motivo ninguno.
Entender esto no quita el pánico, pero cambia el sitio desde el que se mira. Deja de ser una amenaza sin explicación y pasa a ser un mecanismo con piezas identificables. Y las piezas se pueden trabajar una a una.
Cuando empiezas a tener miedo de tu propio cuerpo
Después de unas cuantas crisis pasa algo característico: la atención se vuelve hacia dentro. Empiezas a vigilar el pecho, la respiración, el pulso. Y como estás mirando, notas cosas que antes pasaban desapercibidas — porque el cuerpo hace ruido continuamente y casi siempre no le hacemos caso.
Es como cuando aprendes una palabra nueva y de pronto la oyes en todas partes. La palabra siempre estuvo ahí; lo que ha cambiado es que ahora la buscas.
El problema es que cada señal detectada se lee como aviso. Y entonces el cuerpo, que era el sitio donde vivías, se convierte en otra fuente de alarma. Ahí es donde la ansiedad deja de ir de situaciones y pasa a ir de sensaciones.
Lo que haces para estar a salvo, y acaba sosteniendo el miedo
Todas son razonables. Ese es exactamente el problema
- Evitar situaciones donde ya te pasó, o donde crees que podría pasar.
- Buscar tranquilización: preguntar una y otra vez si estás bien, si es normal lo que sientes.
- Comprobar el pulso, la tensión, el oxígeno. Varias veces al día.
- Buscar los síntomas en internet, que siempre acaba en el peor diagnóstico posible.
- Evitar el ejercicio, porque acelera el corazón y eso ya no se distingue del principio de una crisis.
- Acudir a urgencias repetidamente, y salir con las pruebas bien y sin explicación.
- Llevar medicación encima por si acaso, aunque no llegues a tomarla.
- Necesitar una salida cerca: sentarte junto a la puerta, no ponerte en el centro de la fila.
- Dejar de conducir, de coger autopistas, de viajar solo.
- Depender de alguien para salir, hasta el punto de organizar el día alrededor de su disponibilidad.
Cada una funciona a corto plazo. Sales del sitio y la ansiedad baja; llevas la pastilla y estás más tranquilo. Y precisamente porque funcionan, se repiten.
El coste aparece a medio plazo, y es doble: tu vida se va estrechando, y además tu sistema nunca llega a comprobar que aquello que temías no pasa. Cada vez que evitas, la alarma se queda sin la única prueba que la desactivaría.
Cuando el miedo se centra en tu salud
A veces esto no aparece como crisis, sino como una preocupación persistente por estar enfermo. Un lunar, un dolor de cabeza distinto, un pinchazo. Consultas, te tranquilizas un rato, y a los pocos días vuelve con otro síntoma.
El mecanismo es el mismo: atención dirigida al cuerpo, interpretación de amenaza, conductas de comprobación que alivian un momento y refuerzan el ciclo. La diferencia es el contenido, no la estructura.
Si este miedo empezó después de un infarto, un stent, una intervención o un problema cardiovascular real, ahí no hablamos de una alarma sin causa: hubo un susto de verdad y el cuerpo tiene motivos para desconfiar. Para eso tengo un área específica: recuperación psicológica tras un evento cardíaco, que se trabaja en coordinación con tu equipo médico.
Cómo lo trabajo
Por orden, y adaptado a cada persona
Entender el mecanismo
Lo primero es que sepas qué está pasando. No como consuelo, sino como información operativa: qué hace la activación, por qué esas sensaciones y no otras, por qué sube tan rápido y por qué siempre baja. Buena parte del miedo se sostiene sobre la idea de que esto podría no parar.
Ver tu círculo concreto
El esquema de arriba es general; el tuyo tiene nombres propios. Qué sensación lo dispara en tu caso, qué te dices exactamente, qué haces después. Cuando está sobre la mesa deja de ser una nube y pasa a ser un circuito con puntos donde intervenir.
Soltar las conductas de seguridad
De forma gradual y acordada, nunca de golpe. Es lo que más cuesta y lo que más cambia las cosas, porque es lo que permite que tu sistema recoja por fin la información que le falta.
Exposición, cuando está indicada
Volver a las situaciones evitadas con un plan, no a lo bruto. Y cuando procede, exposición interoceptiva: provocar en consulta, de forma controlada, las sensaciones que temes —taquicardia, mareo, falta de aire— para que dejen de significar peligro. Suena duro y es de lo más eficaz que existe para el pánico.
Trabajo cognitivo y regulación
Sobre las interpretaciones catastróficas, y sobre el estado de base: si el sistema vive activado, cualquier chispa prende. Aquí uso regulación y, cuando aporta, medición fisiológica para que veas los cambios con datos y no por sensación.
EMDR, si hay una experiencia detrás
A veces todo esto arranca en un episodio concreto: una urgencia, una muerte cercana, un parto complicado, la primera crisis en un sitio del que no podías salir. Cuando existe esa experiencia y sigue activándose en el presente, el EMDR puede tener sentido.
Cómo empezamos
70 € · 60 minutos
La primera es una consulta de valoración: entender qué te pasa, ver tu círculo concreto y proponerte un plan. Sales de ahí con una idea clara, no con una lista de deberes.
Presencial en Cartagena (C/ Carmen 59, 3.º B) o por videollamada.
El pánico es de los problemas mejor estudiados y con tratamientos psicológicos más contrastados. Eso no garantiza un resultado, pero sí quiere decir que se sabe bastante bien por dónde empezar.
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Pedro Antonio García Hernández · Psicólogo General Sanitario · Colegiado MU04709 · Colegio Oficial de Psicología de la Región de Murcia
